
La Unión Europea ha puesto en marcha nuevas normas destinadas a mejorar la calidad del agua y reforzar la protección de la salud pública y del medio ambiente. La actualización de la legislación introduce requisitos más estrictos para el control de contaminantes, amplía las obligaciones de vigilancia y fomenta una gestión más sostenible de los recursos hídricos.
Entre las principales novedades destaca la incorporación de nuevos parámetros para controlar sustancias potencialmente perjudiciales, como los PFAS o "químicos permanentes", así como una mayor supervisión de otros contaminantes emergentes. Además, las nuevas medidas buscan garantizar un acceso más seguro al agua potable y aumentar la transparencia, facilitando a la ciudadanía información más completa sobre la calidad del agua que consume.
La normativa también promueve un uso más eficiente de los recursos hídricos, impulsa la prevención de la contaminación en origen y contribuye a reducir el consumo de agua embotellada mediante el fomento de la confianza en el agua del grifo.
Con estas medidas, la Unión Europea pretende avanzar hacia una mayor protección de los recursos hídricos, mejorar la seguridad del agua destinada al consumo humano y reforzar la resiliencia frente a los desafíos ambientales y climáticos.

